EL REY DE LA MONTAÑA CORONÓ EL IZOARD

En la larga historia de las ascensiones al Col d’Izoard, nunca, en 114 años, se había pactado el final de una etapa del Tour de France sobre su inclemente cumbre. La leyenda que rodea el puerto, merecía un conquistador de galones, y se ha conseguido hoy con el triunfo en solitario de Warren Barguil, vestido con el Maillot a Pois Rouges, que identifica al mejor escalador de la carrera. Para Colombia, la jornada se vivió en máxima expectativa. Con Atapuma en la fuga, inspirado con la posibilidad de una victoria de leyenda, y Rigoberto Urán al acecho del liderato, el país de los escarabajos esperaba que mucho pasara en el Izoard, y al final, poco ha sucedido. El “Puma” quedó segundo en la meta, y Urán, en una defensa magnífica de su calidad de aspirante al título, cedió dos segundos y terminó tercero en el acumulado general.

La muy anticipada etapa 18, la última por los Alpes, la escalada definitiva de la 104ª Grand Boucle, terminó en un apretado juego de la gallina entre tres corredores, ninguno de los cuales ha podido demostrar ser superior a los otros dos. El atasco, menor a medio minuto, entre Froome, Bardet y Urán, no consiguió aflojarse sobre el Izoard. En el proceso de acelerar sin tregua, en el empeño de impedir cualquier ataque exitoso, lo que sí lograron los tres mariscales de campo, fue derrotar definitivamente a Fabio Aru, distanciar más a Daniel Martin y muy posiblemente, sellar el podio de Paris. Sin importar el orden en el que se acomoden en los tres cajones, el británico, el francés y el colombiano, están a dos etapas de entrar victoriosos a los Campos Elíseos.

De Urán se anticipó, no sin razón, que el de Urrao, conservador en las 17 etapas previas, tenía preparado un ataque para la última llegada en alto de la carrera. El desarrollo de la fracción le impidió siquiera pensar en ello. Chris Froome, cumpliendo a cabalidad con todos los puntos del instructivo, declaraba antes de la partida en Briançon que le gustaría ganar la etapa. Ni bien caer la bandera, una fuga conformada por el 33% del pelotón, complicaba ese pronóstico. Bardet, cargando sobre los hombros el peso de toda Francia, anhelante de volver a ganar su propia carrera, puso a su equipo a demoler el pelotón, consiguiéndolo con éxito rotundo, pero sin poder rematar con una ofensiva individual. Y la carrera quedó prácticamente como empezó.

En esa fuga multitudinaria del inicio de la etapa se coló Darwin Atapuma, con la cabeza llena de sueños. Todo el Tour, el corredor de Túquerres, Nariño, de ascendencia y ciudadanía indígena, había estado soñando con esta etapa. Una cabalgata por la Casse Déserte y alzar los brazos como el primero de estos hombres de hierro en ganar una etapa sobre el mítico Izoard. El del United Arab Emirates hizo todo bien durante la escapada. Colaboró cuando era necesario, guardando fuerzas cuando el tamaño del grupo se lo permitía. Marcó las salidas de importancia, dejando desatendidas las que no podían prosperar. Arrastró a los acompañantes finales, rompiéndoles las piernas en la cacería de un insolente Lutsenko que no tenía con qué llegar a meta. Y entonces, por fin, atacó.

En quíchua, la lengua andina que los Incas querían convertir en el latín de Suramérica, Atapuma quiere decir puma con alas, el puma que vuela, y fue bajo ese tótem que partió Darwin a buscar la gloria. Alternando entre pararse en pedales, y empujar sentado, con toda la fuerza de su cuerpo, “El Puma” fue cerrando la brecha que había entre él y el corredor del Astana que marcaba la punta de la carrera. Una vez lo alcanzó, continuó con decisión. Seis kilómetros lo separaban de la meta, el grupo de favoritos venía rápido, pero sin interés en darle captura. El sueño estaba al alcance. Una curva tras otra, ya en medio del erial sin vida que ha derrotado a tantos de pura nostalgia, Atapuma recortaba la distancia que lo separaba de la leyenda.

La ventaja se reducía, pero parecía suficiente. Las fuerzas no lo abandonaban. Firme en su propósito, Atapuma forjaba con buena letra su primera en un Tour. Pero el dueño de la camisa de pepas rojas tenía otra idea. Animado por la constipación de un pelotón reducido a escombros por el Ag2R y el Sky, Barguil cambió la relación de su bicicleta y se fue tras la huella del “Puma”. Su paso comenzó a romper los registros históricos, a la misma velocidad que iba dando caza al rosario de penitentes que lo separaban del pedalista del UAE. Le tomó varios kilómetros, en los que llegó a estar acompañado del combativo Alberto Contador, pero el del Sunweb alcanzó a Atapuma.

Sería bajo la Flamme Rouge, que designa los últimos 1,000 metros de cada trazado, que el paso del mejor de los escaladores en la clasificación, derrotaría al colombiano. Justo cuando algunos anticipaban un embalaje por la definición de la fracción, justo cuando la pendiente se hace inclemente. Por detrás, la batalla ciega entre los Top 3, iba también recortando la renta de los dos punteros. Era necesario acelerar. Lo hizo el que tenía con qué. Y así, en solitario, como se advertía en la sentencia casi premonitoria de Bobet, llegó Barguil a la cumbre. Sin fuerzas para acomodarse el jersey, apuntando al cielo, con tiempo para saborear una escalada de leyenda, el Rey de la Montaña coronó el Izoard.

Quedaba por definirse la empalagosa relación entre Bardet, Urán y Froome. Los tres, trenzados en un nudo infinito, como un gilwell, se cuidaban uno a otro las espaldas, todos al límite de la agonía, tras una trepada violenta. Su batalla los acercaba al “Puma”. El trabajo de Landa, llevando a su jefe, permitía que Froome mantuviera su atención en la pantalla de su monitor, revisando de tanto en tanto, las condiciones físicas de sus escoltas. Urán apretaba la mueca. Bardet no ocultaba su sufrimiento. Ya con el de los Emiratos a la vista, Bardet no soportó más la presión, se levantó sobre los pedales y dio el golpe. Faltaban menos de 300 metros hasta la meta. Su ofensiva era contra Urán. Jamás se creyó capaz de derrotar al líder.

Y Urán cayó bajo la embestida del francés. Froome apenas marcó la rueda del asegurador. Con Rigo cediendo tiempo, el principal rival quedaba descartado. Bardet recuperaba la segunda posición del podio y el dueño del Maillot Jaune ponía tierra entre él y su ex-compañero de equipo, a quien había declarado su principal contendiente. La distancia fue mínima. Entre los dos segundos de retraso y la bonificación, Bardet recortó 3 segundos y Urán perdió otros tantos. Muy pocos, para unos y para otros, considerando las dimensiones de la etapa y el puerto. El triángulo quedaba en tablas.

Clasificación Individual Etapa 18

1. Barguil
2. Atapuma +0:20s
3. Bardet MT
4. Froome MT
5. URÁN +0:22s

Clasificación General Individual

1. Froome
2. Bardet +0:23s
3. URÁN +0:29s
4. Landa +1:36
5. Aru +1:55m

Clasificación Escarabajos Etapa 18

2. Atapuma +0:20s
5. Urán +0:22s
11. Quintana +1:18m
12. Betancur +1:22m
42. Henao +8:12m
54. Pantano +12:01m
88. Chaves +22:19m

Clasificación General Escarabajos

3. Urán +0:29s
12. Quintana +13:52m
17. Betancur +36:25m
26. Henao +1:13:11h
41. Atapuma +1:45:40h
43. Pantano +1:56:26h
61. Chaves +2:23:29h

La narración del minuto a minuto de la etapa 18, lo encuentra dando click en la imagen:

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