DUMOULIN, PRIMERO Y CIEN

En la final más estrecha de la que se tenga recuerdo en el mundo del pedal, Tom Dumoulin batió en franca lid a un puñado de ciclistas poderosos, entre los que se figuraban campeones de la talla de Vincenzo Nibali y Nairo Quintana, que suman seis Grandes Vueltas en su haber. Al hacerlo, consiguió el especial honor de inscribir su nombre como el campeón de la centésima edición de la Ronda Itálica, siendo además, el primer ciclista de su país en lograrlo.

34 minutos y 47 segundos duró la incertidumbre, que llegó a su apoteosis cuando Nairo Quintana tomó la partida en el mítico Autódromo de Monza. El del Movistar, vestido completamente de rosa, salió a dar el todo por el todo en una disciplina para la que su físico de escalador significa una desventaja. Cincuenta y tres segundos fueron insuficientes para resistir a un Tom Dumoulin tan decidido a ser campeón, que le pidió a su mecánico acondicionar la Giant Trinity con un plato de 58 dientes. Con ese desarrollo, cada giro completo de las bielas lo impulsaba diez metros y medio sobre la carretera. Quintana usó un plato 56, quizá modesto para Dumoulin, pero tremendo para la humanidad del boyacense.

Por delante del entonces líder, rodaban sus principales rivales, Nibali, Pinot y el holandés. Las telemetrías lo mostraban a mitad de la tabla de pérdidas, más lento que Nibali pero más veloz que el francés, y siempre por debajo del desarrollo del ahora campeón. Quintana se mostraba incómodo por momentos, nervioso. Dumoulin, especialista, mantenía una postura impecable sobre la máquina, inmóvil de la cintura para arriba. A 105 revoluciones por minuto, el del Sunweb devoraba el camino por encima de 51 kilómetros por hora. Nairo, quizá preocupado por la relación que decidió usar su rival, prefería invertir más torque, rodando a 85 revoluciones, usando una relación más pesada, menos eficiente.

Los registros parciales eran implacables. Dumoulin sería el campeón; descontando un milagro que no llegó. Jos van Emden, que impuso el mejor parcial muy temprano en la jornada, comenzaba a preocuparse por su victoria de etapa, atento a la pantalla en la que veía el esfuerzo constante y demoledor del dorsal 181. Pasaban los minutos, con Quintana cediendo de a poco, pero ya muy cerca de perder el liderato y por esa vía, el histórico campeonato. Hasta que le avisaron al Maglia Rosa que estaba segundo en la General.

Quintana, siempre por debajo de las 90 revoluciones, aceleraba. Se levantaba en pedales a la salida de las curvas, arriesgaba en los giros, siempre al límite del esfuerzo. Haciendo, con mucha probabilidad, la mejor crono de su carrera, el capo squadra del Movistar parecía remontar la diferencia. La telemetría, que también se emociona y falla, indicó tres segundos de retraso para el de Cómbita, cuando ya la meta se acercaba. El mundo entero contuvo la respiración. El semblante de Dumoulin, que ya había terminado su ejercicio, cambió por completo.

La pancarta del último kilómetro no aparecía en el horizonte. Una curva tras otra, una recta tras otra, los segundos se agotaban y el colombiano seguía acelerando, pesadamente. En la pantalla, las posibilidades de remontar se iban desvaneciendo, mientras un recuadro mostraba al ahora centésimo campeón del Giro pasar del susto a la gloria. Narradores y comentaristas dejaban a un lado la compostura para lanzar gritos de aliento. Las redes sociales se llenaban de mensajes que trataban de empujar la bicicleta del “Cóndor”. Con la meta ya a la vista, la distancia entre Nairo y el Trofeo Senza Fine pasaba de los 20 segundos. Al final, serían 31 golpes del reloj los que le impidieron a Colombia celebrar su cuarta victoria en una Gran Vuelta, que habría sido la tercera para Quintana.

Se cerraba así la edición más apretada de la historia de las carreras de tres semanas. Un podio final comprimido en 40 segundos, superado solamente por el Giro de 1974 que se repartió en apenas 33. Un homenaje a los esfuerzos por equilibrar el campo de juego, eliminando malas prácticas que azotaron al ciclismo en décadas pasadas. Una centésima edición de la Corsa Rosa que difícilmente será olvidada por esta generación de aficionados, y tendrá que servir de referencia para las siguientes cien.

Clasificación General Individual

1. Dumoulin 90 h 34 m 54s
2. Quintana +0:31s
3. Nibali +0:40s
4. Pinot +1:17m
5. Zakarin +1:56m

Campeones por Clasificación

General: Tom Dumoulin
Puntos: Fernando Gaviria
Joven: Bob Jungels
Montaña: Mikel Landa
Equipos: Movistar

Clasificación Individual Etapa 21

1. v. Emden
2. Dumoulin +0:15s
3. Quinziato +0:27s
4. Kiryienka +0:31s
5. Rosskopf +0:35s

Clasificación Escarabajos Etapa 21

27. Quintana +1:39m
63. Henao +2:58m
71. Gaviria +3:03m
121. Anacona +4:17m

Clasificación General Escarabajos

2. Quintana +0:31s
25. Anacona +1:26:41h
33. Henao +1:44:04h
129. Gaviria +4:30:27h

 

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