EL TOUR SE QUEDÓ SIN “EL PUMA”.

La séptima etapa, con sus 234 kilómetros, era la segunda fracción más larga de este año en el Tour de France. 234 kilómetros, al menos en el libreto, sin mayores dificultades. Dos trepadas mínimas dentro de los últimos 20 kilómetros, y una llegada amplia, favorable para los velocistas. Sin embargo el destino le tenía guardada una mala pasada a Darwin “El Puma” Atapuma. El escalador de Túquerres no salió ileso de los campos de batalla que la Ronda Gala sigue atravesando a manera de homenaje.

El Astana viene haciendo un trabajo juicioso protegiendo al líder, Nibali.
El Astana viene haciendo un trabajo juicioso protegiendo al líder, Nibali.

La largada se dio en Épernay, en medio de algunas de las tiendas de Champagne más exclusivas del mundo. Por delante más de cinco horas de pedal. El Cannondale, el Omega Pharma y el Orica, se perfilaban como los equipos con ansias de protagonismo en la etapa. Vinokourov, controvertido ex-ciclista y medallista de oro olímpico en Londres 2012, le aseguraba a la prensa que el Astana ve favorablemente ceder el Maillot Jaune de los líderes, que les representa alto desgaste, ahora que la carrera está aún joven; pero cerraba diciendo que de todas maneras su equipo no es de los que frenan. La etapa le dio la razón, su Capo Squadra sigue vestido de oro.

El día se vivió dividido en dos. Una etapa aburrida y anodina entre el kilómetro cero y el 210, y otra más agitada y nerviosa a partir de allí y hasta el momento mismo de cruzar la meta. Una fuga de seis hombres se empeñó en protagonizar la fracción. Hasta el punto de ver a dos de sus unidades lanzarse en un empeño final por sobrevivir hasta Nancy. Pero el pelotón tenía otros planes. Con los dos puertos de montaña ubicados en el epílogo de la jornada, la cercanía de la meta vio un acelerón del pelotón que terminó subiéndolo casi compacto al primer puerto. Solo los ultra potentes embaladores, como Kittel o Greipel, se cortaron en esas rampas iniciales. Fue tan rápida la escalada que un ataque de Thomas Voeckler, de esos suicidas a los que ya nos tiene acostumbrados, apenas duró unos cuantos pedalazos.

Voeckler, como no podía ser de otra manera, intentó un ataque, otra vez infructuoso.
Voeckler, como no podía ser de otra manera, intentó un ataque, otra vez infructuoso.

Un corto descenso llevaba al siguiente puerto. Con un corto tramo de tránsito, sobre terreno plano y amplio. Pero un descuido de un hombre del Movistar terminó provocando una caída tonta, en la que se llevó a Tejay Van Garderen. El jefe de filas del BMC rodaba defendiendo la posición de Darwin Atapuma, a quien el equipo quería guardar para las etapas de alta montaña que se avecinan. Atapuma, levemente distanciado del origen de la caída, venía encerrado entre el grupo y no podía hacer otra cosa que preparar la caída. Por la derecha frenaba un hombre del AG2R. “El Puma” quiere entregar el costado para protegerse de daños mayores al perder la vertical, se encuentra con el corredor del equipo francés, enreda su cabeza de manera incómoda, y cae al piso como un plomo.

Fractura del tercio distal del fémur izquierdo y magulladuras en ese mismo costado, el parte médico que entregaba la organización, horas después de que Atapuma fuera trasladado al Hospital de Nancy. Apenas faltaban 15 kilómetros para llegar a buen seguro. Y el suyo no fue el último de los sacrificios del día. El pelotón continuó nervioso mientras más se acercaba a meta. Peter Sagan atacó al final del segundo puerto, pasando primero por ese premio de cuarta categoría, para lanzarse en un descenso frenético. A menos de 2,000 metros de quedarse con la victoria, era consumido por el pelotón. Pero no cedió en su empeño. Siguió metido entre los ungidos, luchando por conservar una posición que le diera la posibilidad de disputar la etapa.

Apretadísimo final en meta.
Apretadísimo final en meta.

Con la punta pasando bajo la Flamme Rouge fue Michal Kwiatkowski el que se echó el lote al hombro. Trabajaba como lanzador para Matteo Trentin. Sagan seguía muy atento esa rueda, pero venía sin escuderos. El arreón del polaco dio fruto, seleccionando el grupo, del que se vio separarse a Richie Porte, buscando protegerse de alguna calamidad. Su decisión probó ser muy inteligente cuando en la última curva del día, otra caída masiva cobró más víctimas.

El final se apretó mucho, Kwiatkowski miró para atrás y le entregó el testigo a Trentin. Unos metros más adelante, y asumiendo un papel que no le corresponde, Andrew Talansky se enredaba con Simon Gerrans, cayendo al piso cuando ya se rodaba a velocidad terminal. Sagan siguió acelerando por la derecha, se veía ganador. El italiano del Omega Pharma metió los riñones y le ganó a “Peto” Sagan por la piel de sus dientes.

El momento de la aparatosa caída de Talansky.
El momento de la aparatosa caída de Talansky.

Desde ese final en Formigal, en el que Urán perdió una etapa de la Vuelta a España, no veíamos un foto-finish tan milimétrico.

La diferencia fue menos que milimétrica.
La diferencia fue menos que milimétrica.

 

Vea el resumen fotográfico de la etapa, dando click aquí.

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